Editor’s Room Magic

Rem Behind the scenes

De nuevo te encuentras ante la soledad de la sala de montaje, la cueva donde crece la magia. En ella aparecen los mayores temores y las más grandes ilusiones. En la fase de montaje también podemos encontrar diferentes “etapas” o “procesos” emocionales, como en un guión. Dejando de lado los aspectos técnicos, cuando llega el momento de juzgar el material hay que permanecer impasible. No importa lo que nos costara rodar un plano o lo bonito que éste sea: si no funciona, no funciona. Pero esto pasa más adelante. De momento vas contrastando tus impresiones del rodaje con los partes de cámara y script, y cómo no, con tus impresiones actuales. Ya te has desvinculado un poco de la carga emocional del rodaje y tus ideas viciadas técnica y creativamente. Ahora es el momento de cambiar de sillón, de convertirte en un “actor” que se pone en la piel del espectador: debes proteger la historia por encima de todo, pero estás entre la espada y la pared, o mejor dicho… entre espada y espada: debes defender tu trabajo pero al mismo tiempo el visionado de nuestro futuro público. Estudio todo el material, incluso los descartes… nunca se sabe. Encuentro algunas joyitas que voy rescatando para tomas falsas, makin of… y otras maravillas, unos pocos fotogramas en ocasiones que se encuentran en las colas, que son capaces de dar una chispa a una secuencia, de darle vida, e incluso de salvarla.

¿Te acuerdas de ese plano que creías haber rodado, de esa retoma con tal gesto o tal frase? Pues no está. Y comienza el miedo, la desesperación… ¿podré salvarlo? Claro que sí. Me encanta rodar con las ideas claras y en ocasiones, desde un único tiro de cámara. El problema es que si algo no ha funcionado bien, no puedes cubrirte las espaldas. Por eso es recomendable tener tu plano master, o un contraplano o recursito que te salve el culo, pero en ocasiones, en este tipo de proyectos guerrilla el tiempo siempre falta, y las opciones son escasas. Por ello hay que llevar los deberes hechos de casa en caso de que haya que improvisar o rectificar. Pero esto pasa en las mejores familias, y como decíamos, para solventar estos problemas siempre encontramos material interesante en las colas.

Han pasado ya semanas. He perdido la cuenta de la cantidad de tomas que he visionado y revisionado. En ocasiones tengo una decena de pedacitos del mismo texto, tal vez sólo unas cuantas palabras, o un gesto. Revisiono y revisiono buscando ese toque, esa chispa que aporte en ese momento el tono adecuado. Es difícil siendo el director, guionista y operador de cámara, montar el proyecto sin ser autocrítico, y decidir qué toma es la mejor valorando el trabajo de iluminación, el encuadre, el enfoque… y al mismo tiempo el sonido, la voz del actor, su expresión, su “ritmo”… No importa el tiempo que se tarde ni las veces que haya que revisar el material. Hay que analizarlo todo una y otra vez y encontrar el equilibrio entre lo técnico y lo emocional. Ahora, eso sí, si tengo que elegir, me quedo con la emoción. Y si hay un momento desenfocado, movido o mal encuadrado… si el personaje lo tiene… lo tiene, ESE ES EL CORTE.

Quedan pocas escenas por montar. Con el 80% del material ya puedo armar grupos de secuencias y apreciar cómo avanza la historia, y la cantidad de correcciones que habrá que hacer más adelante. Es hermoso ver cómo casan los planos, las voces, las miradas… Como las secuencias se entrelazan y hablan entre ellas. La magia no nace en la sala de montaje, pero aquí crece, madura, explota. En momentos como este recuerdo por qué elegí esta profesión. Lo importante como montador, al igual que al protagonista de una historia, es saber encontrarte cómodo en esa soledad, y no que la soledad te encuentre a ti.

Acepta el cambio como la constante, fluye y siéntete cómodo en él

Top! Joseba Alfaro 2015 © www.jossfilms.com
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